Aquella tarde de calecho
GRAN SIL, UN VIAJE A LOS SECRETOS DEL NOROESTE (I) El viajero quiere llegar hasta las fuentes del Gran Sil. Quiere encontrar ese hilo de agua al que seguir durante el largo periplo que le llevará al gran océanoDicen los geógrafos que nuestro río nace en territorio babiano, a unos 2.000 metros de altitud, no lejos del pueblo de La Cueta al pie de la majestuosa Peña Orniz y en los altos pastizales de Cuetalbo. Hoy el viajero se convertirá en caminante y subirá desde La Cueta hasta las fuentes del Gran Sil pasando por pastizales como las maravillosas camperas de Cebolleo. Al igual que en otros pueblos babianos, la tradición trashumante ha permanecido en La Cueta hasta hace unos años. Los pastores trasladaban estacionalmente sus rebaños buscando los mejores pastos. A las dehesas extremeñas acudían en invierno, mientras que en verano regresaban con el ganado a los prados de montaña de Babia.
Embalse de Las Rozas (Villablino) | Isidro CanónigaDescendiendo el Gran Sil desde su origen en pocos kilómetros se llega al memorable puente de las Palomas sobre un pequeño desfiladero calizo. El paso de Babia a Laciana no es brusco, sino gradual debido a la captura fluvial del Gran Sil sobre el río Luna. Nuestro río fue ganando con su energía terrenos a otras cuentas vecinas. El viajero seguirá su camino pegando su mirada al río “Meus ollos van por lo río, mirando van meu amigo”. Una mirada a un amigo. El viajero recuerda esta frase que algún día leyó en el Cancionero de Palacio.
El viajero en este momento recuerda las palabras que Miguel Vicay escribió en el libro Patrimonio Secreto, una monumental obra dedicada a los tejos y tejedas del Sil. Miguel describió con exactitud la fuentes de Gran Sil: «Cuando las águilas miran hacia abajo, descubren una intrincada y laberíntica red de valles y vallinas, por donde arroyos y aún más poderosos cauces fluviales, de aguas limpias, pugnan por acudir lo más deprisa posible a su cita con los más cercanos cursos de agua, rindiendo al fin inexorablemente su tributo al padre Sil. Difícilmente se encontrará en suelo ibérico un despliegue mayor de serpenteantes cauces».
El viajero decide los lugares en que detenerse, programa sus espacios y tiempos intentando que el viaje sea sabio e inolvidable. Aunque a veces la vida decide por encima de lo proyectado. Así ocurrió en la parada de Sousas de Laciana, un buen lugar para disfrutar de un atardecer estival. Allí el viajero buscaba entender lo que fue la economía tradicional de la cabecera del Gran Sil visitando su antigua lechería. Para responder a las necesidades de una economía eminentemente ganadera, en Laciana surgieron numerosas lecherías que, a medio camino entre lo artesanal y lo industrial, permitieron a los habitantes de estos valles transformar la leche obtenida en las brañas en sabrosa mantequilla que gozaba de un gran prestigio en Madrid a principios del siglo pasado. Lo más curioso era que utilizaban la fuerza del agua para mover instrumentos mecánicos que separaban la nata de la leche. Desviaban una parte del agua del río cercano para mover una rueda hidráulica que transmitía la fuerza a las distintas máquinas. Fue en su día la única lechería hidráulica de España y hoy día está restaurada y se puede ver su funcionamiento.
Bosques de Palacios del Sil | Isidro CanónigaEn estos días de verano en Sousas de Laciana todavía podemos encontrar gentes tranquilas, disfrutando de la fresca de la tarde estivales.
-¿Qué? ¿Qué se la ha perdido por estos valles? – Pregunta al viajero uno de los abuelos que forma parte de un corro de tertulianos situado en la misma plaza de Bardines.
-¡Estoy descendiendo el Gran Sil!. - dijo el viajero sin dudarlo. ¿Usted sabe eso de que el Sil lleva el agua y el Miño la fama?
-Eso dicen, viendo el agua que sale de estos valles, no dudo que sea verdad.- dijo el abuelo.
El viajero dio una larga explicación a los que allí estaban sobre por qué su Gran Sil nunca debió de perder su nombre. Les habló de cómo sería su viaje hasta la desembocadura en La Guardia y que el viaje serviría para reivindicar esta injusticia geográfica.
- ¡Toma asiento! Le dijo al viajero otro de los abuelos con voz amable. - Lo que cuentas es muy lógico pero deberías saber que lo justo y verdadero no son cosas de este mundo.
Sin dudarlo el viajero se sentó y se animó a participar en el calecho, la reunión espontánea a la que acuden los vecinos de la plaza al final del día, antiguamente empezaba cuando todas las tareas agrarias del día se habían finalizado. El calecho me dicen que es una antigua costumbre especialmente arraigada en los pueblos donde nace el Gran Sil. Y que antiguamente sonaba en Pachuezo, así se denomina popularmente el habla regional de Babia y Laciana. El viajero pudo comprobar la belleza de esta lengua cuando otro de los abuelos que participaba en el calecho le soltó: «Nel mes de Santiagu, a la braña el guadañu y cuandu chega el fin, segau todu el tapín».
-¿Conocen la obra Francisco Sierra-Pambley en Laciana? -Preguntó el viajero para entrar en conversación.
- El más joven del calecho, un jubilado profesor de lnstituto de Villablino le contestó con mucho ánimo. -En 2015 se cumplieron cien años de la muerte de dos figuras singulares en la historia de Laciana: Francisco Giner de los Ríos y Francisco Sierra-Pambley. La educación para Giner no era otra cosa que dar las herramientas para que el niño construyese su conocimiento. Inspirado en las ideas de Giner, en 1886 Sierra-Pambley crea en Villablino un revolucionario centro educativo para niños y jóvenes”.
-Y ¿cómo influyeron aquellas ideas en aquella cultura rural?
- Giner pensaba que esta escuela del valle de Laciana debía de favorecer una formación integral de sus chavales. La vocación ganadera de Laciana hace que las enseñanzas propuestas por Giner se centren en lo mercantil y agrario. Así, en la escuela se desarrollará una importante tarea relativa a la transformación de la leche, que fue el germen de una industria floreciente en el valle, las conocidas Mantequerías. No olvidemos que estas mantequillas ganaron la Medalla de Oro de la Expo Universal de Bruselas.
- ¿Qué ocurrió para que aquellas geniales ideas no llegaran al siglo XXI?
Minería en Susañe y Pico Miro. | Isidro Canóniga- Todo este esperanzador futuro acabó en 1936. El gobernador civil de León, en nombre de las autoridades fascistas, acaba con todo. Aquellos “filones verdes” de una economía vinculada a los recursos renovables y a la idiosincrasia lacianiega que Giner defendía fueron enterrados por las expectativas económicas que despertaban los «filones negros» del carbón.
- ¿Tan malo fue el carbón para Laciana?. Preguntó el viajero
- El profesor de instituto y reconocido amante de esta tierra concluyo: «El carbón transforma irremediablemente ese campesino (que labra y cría) en un obrero (que explota y consume) y finalmente en un pensionista (ocioso, adinerado y desorientado). El valle se recubre de escombreras y cortas de carbón. Todo, incluso la libertad de los lacianiegos, es dominado por la economía insostenible del carbón que finalmente conduciría a la mayor sangría demográfica española del siglo XXI. Entre 2001 y 2015 Villablino perdió 4.280 habitantes, más del 30% de su población».
Finalizado el calecho todo el mundo se retiró a cenar. El viajero marchó a dormir a un alojamiento del lugar pensando que quizás cien años después de la muerte de Giner y Sierra-Pambley había llegado el momento de resucitar desde sus ideas sus montes y brañas alejándose para siempre de la eterna pesadilla de la vuelta al carbón.
El viajero antes de dormir como parte de una ceremonia rutinaria vuelve al libro de Reclus que le acompaña: «La historia de un río, hasta la del más pequeño que nace y se pierde entre el musgo, es la historia del infinito. Sus gotas centelleantes han atravesado el granito, la roca calcárea y la arcilla; han sido nieve sobre la cumbre del frío monte, molécula de vapor en la nube, blanca espuma en las erizadas olas». ¡Buenas noches!
Cartografía de Óscar F. Manso
Embalse de Las Rozas (Villablino) | Isidro CanónigaEl viajero en este momento recuerda las palabras que Miguel Vicay escribió en el libro Patrimonio Secreto, una monumental obra dedicada a los tejos y tejedas del Sil. Miguel describió con exactitud la fuentes de Gran Sil: «Cuando las águilas miran hacia abajo, descubren una intrincada y laberíntica red de valles y vallinas, por donde arroyos y aún más poderosos cauces fluviales, de aguas limpias, pugnan por acudir lo más deprisa posible a su cita con los más cercanos cursos de agua, rindiendo al fin inexorablemente su tributo al padre Sil. Difícilmente se encontrará en suelo ibérico un despliegue mayor de serpenteantes cauces».
El viajero decide los lugares en que detenerse, programa sus espacios y tiempos intentando que el viaje sea sabio e inolvidable. Aunque a veces la vida decide por encima de lo proyectado. Así ocurrió en la parada de Sousas de Laciana, un buen lugar para disfrutar de un atardecer estival. Allí el viajero buscaba entender lo que fue la economía tradicional de la cabecera del Gran Sil visitando su antigua lechería. Para responder a las necesidades de una economía eminentemente ganadera, en Laciana surgieron numerosas lecherías que, a medio camino entre lo artesanal y lo industrial, permitieron a los habitantes de estos valles transformar la leche obtenida en las brañas en sabrosa mantequilla que gozaba de un gran prestigio en Madrid a principios del siglo pasado. Lo más curioso era que utilizaban la fuerza del agua para mover instrumentos mecánicos que separaban la nata de la leche. Desviaban una parte del agua del río cercano para mover una rueda hidráulica que transmitía la fuerza a las distintas máquinas. Fue en su día la única lechería hidráulica de España y hoy día está restaurada y se puede ver su funcionamiento.
Bosques de Palacios del Sil | Isidro Canóniga-¿Qué? ¿Qué se la ha perdido por estos valles? – Pregunta al viajero uno de los abuelos que forma parte de un corro de tertulianos situado en la misma plaza de Bardines.
-¡Estoy descendiendo el Gran Sil!. - dijo el viajero sin dudarlo. ¿Usted sabe eso de que el Sil lleva el agua y el Miño la fama?
-Eso dicen, viendo el agua que sale de estos valles, no dudo que sea verdad.- dijo el abuelo.
El viajero dio una larga explicación a los que allí estaban sobre por qué su Gran Sil nunca debió de perder su nombre. Les habló de cómo sería su viaje hasta la desembocadura en La Guardia y que el viaje serviría para reivindicar esta injusticia geográfica.
- ¡Toma asiento! Le dijo al viajero otro de los abuelos con voz amable. - Lo que cuentas es muy lógico pero deberías saber que lo justo y verdadero no son cosas de este mundo.
Sin dudarlo el viajero se sentó y se animó a participar en el calecho, la reunión espontánea a la que acuden los vecinos de la plaza al final del día, antiguamente empezaba cuando todas las tareas agrarias del día se habían finalizado. El calecho me dicen que es una antigua costumbre especialmente arraigada en los pueblos donde nace el Gran Sil. Y que antiguamente sonaba en Pachuezo, así se denomina popularmente el habla regional de Babia y Laciana. El viajero pudo comprobar la belleza de esta lengua cuando otro de los abuelos que participaba en el calecho le soltó: «Nel mes de Santiagu, a la braña el guadañu y cuandu chega el fin, segau todu el tapín».
-¿Conocen la obra Francisco Sierra-Pambley en Laciana? -Preguntó el viajero para entrar en conversación.
- El más joven del calecho, un jubilado profesor de lnstituto de Villablino le contestó con mucho ánimo. -En 2015 se cumplieron cien años de la muerte de dos figuras singulares en la historia de Laciana: Francisco Giner de los Ríos y Francisco Sierra-Pambley. La educación para Giner no era otra cosa que dar las herramientas para que el niño construyese su conocimiento. Inspirado en las ideas de Giner, en 1886 Sierra-Pambley crea en Villablino un revolucionario centro educativo para niños y jóvenes”.
-Y ¿cómo influyeron aquellas ideas en aquella cultura rural?
- Giner pensaba que esta escuela del valle de Laciana debía de favorecer una formación integral de sus chavales. La vocación ganadera de Laciana hace que las enseñanzas propuestas por Giner se centren en lo mercantil y agrario. Así, en la escuela se desarrollará una importante tarea relativa a la transformación de la leche, que fue el germen de una industria floreciente en el valle, las conocidas Mantequerías. No olvidemos que estas mantequillas ganaron la Medalla de Oro de la Expo Universal de Bruselas.
- ¿Qué ocurrió para que aquellas geniales ideas no llegaran al siglo XXI?
Minería en Susañe y Pico Miro. | Isidro Canóniga- ¿Tan malo fue el carbón para Laciana?. Preguntó el viajero
- El profesor de instituto y reconocido amante de esta tierra concluyo: «El carbón transforma irremediablemente ese campesino (que labra y cría) en un obrero (que explota y consume) y finalmente en un pensionista (ocioso, adinerado y desorientado). El valle se recubre de escombreras y cortas de carbón. Todo, incluso la libertad de los lacianiegos, es dominado por la economía insostenible del carbón que finalmente conduciría a la mayor sangría demográfica española del siglo XXI. Entre 2001 y 2015 Villablino perdió 4.280 habitantes, más del 30% de su población».
Finalizado el calecho todo el mundo se retiró a cenar. El viajero marchó a dormir a un alojamiento del lugar pensando que quizás cien años después de la muerte de Giner y Sierra-Pambley había llegado el momento de resucitar desde sus ideas sus montes y brañas alejándose para siempre de la eterna pesadilla de la vuelta al carbón.
El viajero antes de dormir como parte de una ceremonia rutinaria vuelve al libro de Reclus que le acompaña: «La historia de un río, hasta la del más pequeño que nace y se pierde entre el musgo, es la historia del infinito. Sus gotas centelleantes han atravesado el granito, la roca calcárea y la arcilla; han sido nieve sobre la cumbre del frío monte, molécula de vapor en la nube, blanca espuma en las erizadas olas». ¡Buenas noches!
Cartografía de Óscar F. Manso